Proyecto
Tipo
Año
Ubicación
Casa Lage
Vivienda
2026
José Ignacio, Maldonado


Información del proyecto


Créditos
Florencia Monteverde, Romina Milzstein, Juan Ignacio Crosa, Eliana Hiriart

Descripción
Guapa empezó siendo una clínica dental. Un cliente nos encargó buscar un nuevo sitio para unificar los consultorios dentales de la familia, así como dos o tres apartamentos para sus hermanos. Se encontró esta vivienda, a un precio acorde, que además permitía disponer los consultorios en planta baja y los apartamentos en planta alta. Eso nunca se construyó. Del encargo caído no quedó un proyecto, sino un padrón y la sospecha de que esa casa tenía un gran potencial para otra cosa. La asociación con Mola Kunst se armó después de esa sospecha: ambos buscábamos algo similar y compartíamos oficina. El equipo se formó para un proyecto que todavía no existía. Guapa Guapa no es un nombre: es una contracción. Guaná y Paullier son las dos calles de la esquina donde se ubica el edificio. En ese mismo cruce ya funcionaba un restaurante llamado Paullier y Guaná, que antes había hecho la misma operación, aunque sin comprimirla. Guapa es un edificio construido dentro de una casa que ya existía, con un material aportado por el cliente, bajo una norma recién estrenada y con un nombre que la esquina ya tenía. Nada empezó de cero: siempre se trató de intervenir sobre un recorrido, una trayectoria. Sustracción Guapa demuele más de lo que agrega. La casa ya había sido modificada al menos una vez: comercio en planta baja y vivienda arriba. En esa reforma, la planta alta había ganado altura hasta alcanzar los 4,70 metros interiores. Esa altura es la condición de todo el proyecto. La normativa de reciclaje de entonces permitía resolver hasta la mitad del área en alturas menores y, al mismo tiempo, exigía baños y unidades convertibles de acuerdo con la UNIT 200, algo nuevo en ese momento. Con la altura heredada y esa combinación de permisos y obligaciones, era posible construir siete viviendas sin modificar prácticamente la envolvente y conservando cerca del 90% de la estructura portante. Por eso, Guapa no reforma la casa: se construye dentro de ella. El volumen original permanece y el trabajo ocurre en el interior, quitando más de lo que se incorpora. No es una operación de crecimiento, sino de vaciamiento: vaciar para ocupar mejor. Es lo contrario de lo que la disciplina suele premiar: el agregado visible, la parte nueva que se distingue de la antigua y se deja fotografiar. Aquí, casi todo el proyecto es una sustracción; al edificio terminado se le agrega una máscara. Máscara El material precede al proyecto. El cliente era gerente de una empresa de premoldeados que, en ese momento, estaba introduciendo el GRC (glass fiber reinforced concrete) en el país y necesitaba una obra donde mostrarlo. La fachada no surgió de una condicionante interna del proyecto, sino de un requerimiento del cliente. Guapa era un edificio de viviendas y, al mismo tiempo, el prototipo y la vidriera de una tecnología nueva en Uruguay. La técnica era poco conocida en el país y todos los asesores eran españoles, por lo que se trabajó por videollamada. Proyectar Guapa fue, en parte, ensayar los medios de producción de un proveedor: sus moldes, anclajes, plazos y, especialmente, sus costos. Que la tecnología todavía no tenía una forma fija se demuestra mejor en otra obra. A pocas cuadras se construía, en simultáneo, un edificio con el mismo material y un criterio opuesto. Allí se armaba piso por piso, con paneles de grandes dimensiones —de hasta 9 metros de ancho— terminados desde el interior con yeso. Aquí desarrollamos un sistema que permitía cortar los moldes en CNC y reutilizarlos: paneles sándwich de 20 + 60 + 20, compuestos por múltiples módulos de ensamblaje rápido ajustados por detrás. Dos edificios, el mismo proveedor, la misma temporada y dos respuestas que no se parecen en nada. El GRC uruguayo se estaba definiendo en esas dos obras al mismo tiempo, aunque ninguna de las dos lo supiera del todo. Costuras La cimentación de piedra nunca estaba donde uno suponía. Ese fue el trabajo durante todo un año: adaptarse a una fundación que no respondía a ninguna lógica documentada y a las reformas anteriores que aparecían detrás de los revoques. Cada hallazgo obligaba a coser con refuerzos estructurales lo que iba apareciendo. Una casa modificada varias veces no tiene una estructura regular: tiene capas superpuestas de decisiones que nadie registró. Mientras tanto, empezaron a aparecer los usuarios. Varios ya sabían que se iban a mudar allí y comenzaron a pedir cosas con la obra en marcha. Esto suele contarse como un imprevisto o una pérdida, cuando es exactamente lo contrario: es el momento en que el proyecto más trabaja. El capataz encuentra algo un martes; hay que resolverlo el miércoles. Y esa resolución debe seguir siendo coherente con una idea que todavía no terminó de formularse. Sostener esa tensión durante un año es un ejercicio proyectual continuo, no una sucesión de parches. Liminal No hay aquí una idea inicial ejecutada. Hay un negocio que se cayó, una tecnología que necesitaba una vidriera, una norma recién estrenada, un código de reciclaje, una casa ya reformada y una obra que descubría cosas sobre la marcha: todo empujando en direcciones y tiempos distintos. El arquitecto trabaja en ese borde: entre el obrero y la ordenanza, entre el interés del cliente y el uso que vendrá después. Ninguna de esas fuerzas conversa necesariamente con las otras; la única que está presente en todas las conversaciones es la nuestra. Ahí se proyecta: no antes y de una sola vez, sino todo el tiempo, en cada frente, sosteniendo una dirección que ninguna de esas fuerzas, por separado, podría sostener. Siete familias viven allí desde 2019, en un edificio que existe porque una clínica dental nunca se construyó.
